Casi todo en el glioblastoma se puede replantear más adelante: la quimioterapia, la radioterapia, los ensayos, las segundas opiniones. El quirófano es la excepción. Lo que no se pide antes de operar no se recupera después, y cierra puertas que estaban abiertas, incluidas algunas de las terapias experimentales más prometedoras.
Las vacunas de células dendríticas y las de lisado tumoral autólogo se fabrican con el propio tumor del paciente. Necesitan tejido tumoral vivo, congelado en fresco en el propio quirófano, en el momento de la resección. Varias terapias celulares funcionan igual.
Por defecto, el tejido extraído va a anatomía patológica, se fija en formol y se incluye en parafina. Es lo correcto: el diagnóstico va primero. Pero el formol degrada el ADN y el ARN del tumor, y con tejido en parafina no se puede fabricar una vacuna. Si nadie pidió reservar una fracción congelada en fresco, meses después no hay con qué trabajar, por mucho que la familia esté dispuesta a pagar o a viajar.
Nada de esto sustituye el criterio de tu equipo médico. Son preguntas que tienes todo el derecho a hacer, y respuestas que conviene tener por escrito.
Imprímelo y llévalo a la cita previa a la cirugía. Hay espacio para anotar cada respuesta y quién te la dio.